Seleccionar página

A propósito de una mesa que esperaba con devoción y ha venido resquebrajada.
Una vez más, esto va de mesas.
O no.

En japonés, kintsugi quiere decir “reparar con oro”. Un método de reparación que celebra la historia de cada objeto, destacando con oro sus fracturas en lugar de ocultarlas o disimularlas.
El kintsugi da una nueva vida a la pieza transformándola en un objeto incluso más especial y valioso que el original.

Es nuestro mayor logro, el de los psiquiatras que implicamos corazón y vida, después de que ya están creadas (ojalá os las pudiéramos evitar….) hacer de oro las heridas, las vuestras: las nuestras ya compartidas.

En eso consiste la terapia, la buena, en transformar los dolores de la vida en un regalo para salir reforzado, confiado y con las herramientas para o evitar la próxima ola o al menos saber navegarla

¿Que las tristezas y los traumas son un regalo? Evidentemente no. Tampoco vamos a exagerar. Son las piedras de la vida que ojalá nos las pudiéramos saltar. Pero regalo es detectar que es piedra, que es algo no comestible y que tenemos que buscar una mano profesional para hacerle una « litotricia » y eliminarla por la vía correcta, que aunque con dolor, lo aminoraremos y será con compañía y la dirección adecuada.

Así que como en el Kintsugi, un objeto dañado no es ni mucho menos para eliminar sino para dedicarle tiempo, cuidado y mimo y hacerlo más valioso de lo que era en su inicio, con sus grietas de oro.

Que no tengamos grietas, o al menos no muy profundas, que no nos destrocen y se puedan reparar, con paciencia, dedicación y cariño Que pidamos ayuda para hacerlo, y que, aprovechando, nos llenen de oro. Y nos dejemos.