No con estos zapatos
Que no me quiero morir. Empecemos por esto.
Que no lo tengo pensado.
Bueno, pensado sí, y mucho.
Pero vamos ,que no me quiero morir, a parte de que ni me viene nada bien y que tendría mucho lío que organizar.
Y yo en plena mudanza, vamos, que no me cabe morirme.
Pero no nos vayamos por las ramas, que esto realmente era hablar de zapatos. Con los que no querría morirme, y soberbia de mi, voy y me los compro. Como si Zara fuera más potente que una muerte inesperada.
Pues al grano: que yo cuando me visto muy de mañana no dudo en conjuntar mi ropa interior. Que es como respirar, ni se piensa; hasta que una de tus hijas te pregunta: «¿por qué siempre llevas del mismo color la ropa interior, mami?». E indignada le espetas «pues hija, por si tengo un accidente y me llevan al hospital « .
Anda que……, vaya pregunta, no? Los niños son niños y no podemos echárselo en cara, hay cosas que todavía no entienden.
Y veo que ni yo.
Esta mañana, 9.35 (en San Sebastián es posible morir de amor pronto), me he enamorado de unos zapatos blancos de napa fina, blancos (siiiiiiiii: blancos, blanquísimos) , que me podrían valer para malograr El Lago de los Cisnes en la Opera de París, hacer unos hoyos donde te venga dando la gana, caminar bajo la lluvia ,subir una bombona de butano a un tercero sin ascensor, ir a Carrefour o decidirte firmemente a no morir no te vayan a identificar con ese estilo pudiendo haber sido atropellada con unos Laboutin y no generar comentarios innecesarios (e inciertos, por supuesto).
PD: Zapatitos míos, os voy a cuidar con mucho amor.
Que nunca me han regalado un paso tan firme, suave y acogedor.
Y no os asustéis, que os queda rato: aquí no va a morirse nadie.

Gracias, que descanséis